
Otras veces, la creación de carteleras de gran tamaño pintadas a mano respondió puramente a la necesidad de los exhibidores de superar el impacto de las piezas de menor tamaño y captar así la atención de los potenciales espectadores. Por el momento, el único artista que conozco que realizó ambos tipos de trabajo (afiches impresos industrialmente y carteleras pintadas a mano) fue Rafael Antonio Faillace (RAF) artífice de muchos trabajos de gran tamaño en paredes de la calle Lavalle, aún recordados por muchos.
Fueron justamente estos murales los que, en los años 60, impactaron a Plácido Dova durante un viaje a Buenos Aires. Pintor autodidacta y entusiasta espectador, al regreso a su pueblo natal (Alberti), Plácido le propuso al dueño del cine local hacer algo parecido. El resultado fue un bastidor de 2 x 6 metros en los que pintaba al óleo escenas de películas y retratos de actores firmando con su seudónimo (Calola), y que al terminarse la exhibición de la película, era fotografiado y pintado de blanco, listo para ser usado nuevamente.
Kirk Douglas fue el primero en ser pintado, en una escena de Espartaco (Spartacus, 1960), y lo siguieron Sydney Portier, Spencer Tracy, Katharine Hepburn, Sandro, Paul Newman, Ava Gardner, Yves Montand, Luis Sandrini y muchos más.
Hace poco pude contactarme con Plácido, y me dijo que “lo hacía por amor al arte, y daba rienda suelta a mis arrestos de artista plástico...sueños de muchacho”. También me mandó fotos de algunos de estos trabajos y en ellos me pareció ver mucho más que “arrestos de artista plástico”. Me pareció ver un hermoso trabajo de letrista en los títulos, pasión por el oficio de la pintura y un entusiasmo por todos los tipos de cine, patente en el mismo esfuerzo por pintar para una película de Stanley Kubrick y para una de Giuliano Gemma.
Y creo también en la importancia de su trabajo, como el de tantos otros que pintaron al margen de la promoción tradicional de películas, dentro de la historia de la gráfica cinematográfica nacional.